Publicidad:
La Coctelera

==>El_Montecristo<==

2 Septiembre 2008

Hernan Trizano: La historia oculta del Pacificador de La Frontera

Por Kolectivo Lientur.

Perfil de uno de los más sanguinarios personajes históricos que participaron, a fines del siglo XIX, en la ocupación del territorio mapuche del Gulumapu. Hoy, a más de un siglo de su muerte, un Grupo Paramilitar surgido e la zona de Malleco, IX Región, le rinde ributo a su nombre y su memoria.

Referirse al conflicto mapuche actual y al surgimiento de grupos armados de defensa patronal sin detenerse un poco y recordar la historia del célebre capitán del Cuerpo de Gendarmes de las Colonias Hernán Trizano, puede significar una verdadera falta de respeto a la ética y la rigurosidad propia del trabajo periodístico. Esto porque, quiéranlo o no reconocer algunos sectores políticos protagonistas del conflicto mapuche actual, la figura histórica del jefe de los temibles “paramilitares” de fines del siglo XIX y comienzos del XX se alza hoy como una referencia obligada tanto para simpatizantes como para aquellos acérrimos detractores de la renovada causa mapuche.

Para los primeros, se trataría de un protagonista no secundario en una larga historia de abusos y atropellos que hoy emerge tímidamente ante la opinión pública como la punta de un sumergido iceberg. Para los segundos, se trataría en cambio de un esforzado y valiente caballero andante, digno de admiración y respeto por parte de los hijos, nietos y bisnietos de aquellos colonos que su Winchester infalible ayudó a proteger en la zona sur a comienzos del siglo pasado. Hablamos de Pedro Hernán Trizano, un mercenario de ascendencia italiana, de baja estatura y bigote primorosamente bien cuidado, que combatió en Chipre, Rusia, la Guerra del Pacífico y finalmente en el Wallmapu contra los mapuches contrarios a doblegarse ante el Estado chileno tras finalizar la campaña militar de Ocupación de La Araucanía el año 1883.

Si bien su historia se inicia en Italia, parte importante de su “leyenda” comenzaría a forjarse a su llegada a Sudamérica en la segunda mitad del siglo XIX y tras enrolarse como soldado en las fuerzas militares chilenas que, bajo el mando del General Patricio Lynch y el financiamiento de acaudalados capitalistas ingleses, marcharon el año 1879 más allá de la frontera norte de Chile para tomar el control de los ricos yacimientos del salitre boliviano de Antofagasta. Allí, entre campañas de guerra sucia, saqueos a poblaciones indefensas, ajusticiamientos masivos de indígenas en el Altiplano y una que otra batalla ganada en buena lid frente a sus pares del Ejército peruano, se iría forjando la leyenda de este mercenario que llegaría a ser conocido más tarde como el “Bufallo Bill” chileno o “El gatillo más rápido” de La Araucanía. He aquí entones un repaso bastante abreviado de su increíble historia.

China, Rusia, Chile, Wallmapu

Hacia la segunda mitad del siglo XIX, los planes de expansión territorial y económica de Chile constituían una de las principales preocupaciones de los gobiernos de turno. Las crecientes necesidades de materias primas en el naciente capitalismo europeo y la decisión política de las autoridades chilenas de “consolidar” de una vez por todas sus cuestionados límites territoriales, llevaron al gobierno de Aníbal Pinto a comprometerse de lleno con una campaña militar de ocupación del territorio boliviano y, principalmente, de sus ricos yacimientos de salitre natural existentes en el árido desierto de Atacama. En esta guerra de anexión colonialista, tal como la definen hasta nuestros días los textos escolares en Bolivia y Perú, destacaría la participación de numerosos mercenarios y aventureros extranjeros que –entusiasmados con el gran negocio del salitre- no dudaron en sumarse a las filas del ejército chileno y participar así de las campañas de invasión militar planificadas desde Londres en el suelo nortino. Uno de estos aventureros sería precisamente Hernán Trizano.

Por cierto, el interés de Trizano por participar de la Guerra del Pacífico no era para nada casual, ya que desde su temprana juventud había demostrado especiales aptitudes para la vida mercenaria. Tras cortos años en la Escuela Naval de Génova, pasaría a servir en un buque de guerra turco en el cual recorrería las aguas del Mediterráneo. Su camino aventurero lo llevaría más tarde a China, Rusia y de ahí finalmente a América. Su primer arribo en suelo americano lo haría en Argentina, en plena guerra civil, país donde ofrecería sus talentos militares al bando liderado por Bartolomé Mitre. Sin embargo, una vez derrotado este caudillo y tras comprobar Trizano que el cálculo respecto del desenlace de la contienda le había fallado rotundamente, decide huir a Chile con lo puesto como única forma de salvar su pellejo frente al bando de los vencedores que lo buscaba por cielo, mar y tierra para –cuando menos- ajusticiarlo.

La suerte, sin embargo, nuevamente acompañaría al genovés. Tras cruzar la cordillera de los Andes y al momento de su arribo, comenzaban en Chile los preparativos militares para la Guerra del Pacífico. Trizano, viendo vastas posibilidades de utilizar sus dotes mercenarias en esta otra contienda, no lo dudó ni un instante y de inmediato se alistó como soldado en el reforzado Ejército chileno. Partió al norte con el resto de las fuerzas y en su calidad de soldado regular le tocaría participar de gran parte de las campañas que a sangre y fuego permitieron al gobierno chileno la ocupación de Lima el 17 de enero de 1881. Según Enrique Bunster, durante la posesión de Lima, Trizano se dedicaría a practicar lo que sería posteriormente en tierras mapuches su afición favorita: la guerra sucia.

Bajo el mando del coronel Cornelio Saavedra, comandaría partidas de soldados que exterminaron en poco tiempo a los maltrechos soldados peruanos que –bajo la forma de guerrillas- aun se resistían a la ocupación de su territorio nacional por parte de los “endiablados” soldados chilenos, que era como se los denominaba en Perú por su reconocida afición a la “chupilca del diablo” (aguardiente con pólvora) a la hora de presentarse a los combates. Huelga destacar que diversos cronistas, de uno y otro bando, consignan esta campaña irregular comandada por Saavedra como una de las más brutales y sanguinarias de toda la contienda bélica.

Sin embargo y paralela a las sangrientas campañas de la Guerra del Pacífico, existía en la zona centro-sur del país otro gran problema para el militarista gobierno de la época. Se trataba del creciente fenómeno del bandolerismo rural. Este sería, según diversos historiadores, un grave problema social y político en el Chile de fines del siglo pasado, convirtiéndose en una verdadera plaga durante y después de la Guerra del Pacífico. En los hechos, el conflicto armado había movilizado a miles de hombres a través del territorio nacional, situación que generaría complejas tensiones sociales sobre todo en las zonas rurales del centro-sur del país. Ante la ausencia de campesinos –la mayoría enrolados a la fuerza como contingente de guerra o carne de cañón- los campos se fueron llenando paulatinamente de bandoleros y cuatreros sin dios ni ley, los cuales difícilmente podían ser contenidos por los cuerpos de Policía Municipal existentes hasta aquel entonces. Según el historiador de derecha Gonzalo Vial estos policías municipales “o eran impotentes para contener el bandolerismo o bien apenas se diferenciaban de los bandidos que decían perseguir”.

En 1878, el Partido Conservador denunciaba en el Parlamento que "el bandolerismo recorre organizada e impunemente nuestros campos y alarma nuestras poblaciones". Por ese motivo y en plena guerra nortina, las autoridades de gobierno crean en diciembre de 1881 el Cuerpo de Policía Rural, encargado de poner orden en dichas zonas donde solo reinaba hasta entonces el caos y la anarquía delincuencial. Este cuerpo estaba a cargo del gobernador y de una junta departamental, conformada por los dos mayores contribuyentes de cada departamento. Es decir, por los dos principales latifundistas del sector, considerando el peso que tenía por aquellos años la propiedad de tierra en los índices de riqueza de la aristocracia criolla. Este último hecho generaría serios reparos a la efectividad de dicha Policía Rural. Benjamín Vicuña Mackenna, por ejemplo, manifestaría incluso públicamente sus dudas respecto de una policía controlada tan directamente por latifundistas y autoridades locales de “dudosa” honorabilidad.

Decía Vicuña Mackenna en el Senado: "La condición en que están los campos en Chile, las costumbres de los grandes propietarios, la manera como se nombran los subdelegados -que son en casi toda la República verdaderos sátrapas, árbitros de vidas y haciendas y en cuyas manos se va a poner la dirección y manejo de esta fuerza armada- y sobre todo, la necesidad imprescindible que habrá de componer la policía rural de individuos sacados de esa clase social de donde salen los bandidos, son los hechos en que fundo mis temores...".

Sin embargo y pese a los reclamos del parlamentario, los Policías Rurales siguieron operando con relativa normalidad y éxito hasta el año 1883. Después de esta fecha, producto de la desmovilización de las tropas chilenas tras el fin de la guerra en la zona norte y la consolidación de la campaña de ocupación militar del territorio mapuche, esta situación de caos y anarquía volvería a adquirir nuevamente ribetes dramáticos en vastas zonas rurales de Chile, extendiéndose esta vez –y ante la impotencia de las autoridades- no sólo a la zona central, sino que principalmente a los recién incorporados fértiles campos de La Araucanía como una verdadera plaga sin control.

Para efectos de la guerra nortina, el gobierno había reclutado a la fuerza y enviado al frente de batalla a miles de presidiarios bajo la promesa de concederles la libertad una vez concluida la contienda. Sin embargo, esta promesa no fue finalmente cumplida por el gobierno y, gran parte de ellos, con entrenamiento y bastante experiencia en combate, se refugiaron en la zona de La Frontera que por entonces comenzaba también a ser colonizada a sangre y fuego. Una vez allí, estos dignos visitantes o se dedicaron lisa y llanamente al bandolerismo, el tráfico ilícito y el robo de animales, transformado la zona en una versión criolla del salvaje oeste norteamericano, o bien pasaron a integrarse de buena gana a las fuerzas irregulares mapuches, principalmente cordilleranas, que aun resistían en la modalidad de guerra de guerrillas los avances de la colonización chilena. Si bien la heroica resistencia mapuche a la invasión de su territorio había podido ser mermada por las fuerzas militares chilenas el año 1881 tras su derrota en la Batalla del Fuerte de Temuco, hacía el año 1883 las tierras de Lautaro estaban muy lejos aun de ser “pacificadas” por completo.

Nacen los Gendarmes de las Colonias

Concluida la Guerra del Pacífico, Hernán Trizano –ahora convertido en flamante oficial de ejército- se dirigiría al sur del país acompañando al Coronel Cornelio Saavedra en su nueva destinación militar. Si bien no le tocaría al genovés participar directamente de la guerra contra los mapuches -que finalizaría “oficialmente” el año 1883 con la refundación de Villarrica-, la misión que le había encomendado Saavedra en las tierras sureñas lo dejaría más que satisfecho: debía ayudar a menguar el bandolerismo en La Araucanía integrándose al Cuerpo de Policía Rural que operaba desde hace varios años sin éxito en La Frontera. Trizano, por cierto, cumpliría entusiasta la orden de su superior jerárquico y entre los años 1880 y 1896 se desempeñó como un eficiente Policía Rural, destacando frente al resto de sus camaradas de armas por su extremada sangre fría a la hora de hacer frente a sus eventuales y desdichados rivales.

Sin embargo y como dicho cuerpo policial no lograba avances tangibles en el combate contra el bandolerismo y los propios mapuches rebeldes refugiados en la Alta Cordillera, las autoridades comprendieron que había llegado la hora de tomar medidas mucho más drásticas al respecto. Para ello, el año 1896, el gobierno de la época comisionó al propio Hernán Trizano para formar por su cuenta un cuerpo especial de policías que sirviera como verdadera fuerza paramilitar en las zonas de Arauco, Malleco, Cautín, Valdivia y Llanquihue. Esta vez, sin embargo, sus principales objetivos no serían aquellos bandidos y cuatreros de poca monta que perseguía sin éxito la Policía Rural, sino principalmente aquellos grupos mapuches rebeldes que seguían combatiendo a las fuerzas militares chilenas en los campos de La Araucanía, poniendo en grave peligro tanto las explotaciones trigueras en la zona como la efectividad de una ocupación militar amenazada constantemente por nuevos conatos de sublevación indígena.

Trizano formaría entonces el "Cuerpo de Gendarmes de las Colonias", un grupo armado compuesto mayoritariamente por agricultores y ex militares (ex oficiales y suboficiales), supeditado al Ministerio de Relaciones Exteriores –esto por la gran cantidad de inmigrantes europeos que colonizaban la zona y exigían su debida protección del gobierno- y que sería recordado más tarde simplemente como “Los Trizanos”, en honor al primer apellido de su sanguinario jefe. Con el tiempo, este grupo se convertiría en una especie de Ejército Irregular al margen de las Fuerzas Armadas, con muchas atribuciones y con un infinito poder. La impunidad en sus acciones y las redes de protección a su alrededor que integraban personajes como el propio magnate triguero José Bunster, por aquellos años el principal financista de la colonización del territorio mapuche, convirtieron rápidamente a Trizano en un dictadorcillo siniestro y despiadado, un verdadero sheriff de La Frontera bajo cuya Winchester de repetición caían fulminados decenas de buscavidas, aventureros, bandidos, cuatreros, traficantes, borrachos y, principalmente, lonkos mapuches prófugos de la justicia militar de aquellos tiempos.

Cuentan historiadores que sus fusilamientos legales se sucedían a un ritmo de 50 personas al año pero las ejecuciones sin procesos las superaban por cientos. Para el año 1891, por ejemplo, cuando el gobierno de José Manuel Balmaceda hacia regir la ley marcial en todo el país por motivos de la guerra civil, Trizano aprovechando la impunidad que esta situación le brindaba, ordenó masacrar a 30 reos, entre mapuches rebeldes y bandoleros chilenos, con el expediente de la “Ley de Fugas” muy cerca de Temuco, ganándose rápidamente entre sus contemporáneos el apodo del “Búfallo Bill” chileno.

Sin embargo, tales abusos y el excesivo poder que ostentaba Trizano comenzó de a poco a incomodar a las propias autoridades. Es así como después de 15 años de abusos y atropellos, el gobierno presionado por la escandalosa reputación de arbitrario y tiránico que pesaban sobre el capitán y sus huestes, resolvió finalmente removerlo del cargo y deshacer para siempre a los Gendarmes de las Colonias. En su reemplazo entró a batallar directamente el Ejército, destinando las autoridades un escuadrón de Gendarmes, con efectivos de los regimientos de caballería, cazadores, lanceros, dragones y guías para combatir esta vez “legalmente” el bandolerismo rural. El propio general Emil Körner, célebre impulsor de la "prusianización" del Ejército chileno, dirigiría personalmente en 1906 la operación de fusión de los antiguos Gendarmes del Sur de Trizano y los del Ejército, constituyendo así un Regimiento de Carabineros, antecesor directo del actual Cuerpo de Carabineros de Chile, y que a poco andar se destacaría también por su participación en numerosas matanzas de obreros en la zona centro-norte del país.

Trizano, en tanto, moriría placidamente de muerte natural a los 66 años de edad en la ciudad de Temuco el año 1926, causando una gran conmoción en toda la población local, según consignaría profusamente el Diario Austral de aquella época. En su edición del 17 de abril de 1926, el decano de la prensa sureña y actual vocero de la derecha política y patronal en La Araucanía, en un gran titular anunciaría la triste noticia: "En la mañana de ayer, víctima de una larga enfermedad falleció en su hogar el capitán en retiro Hernán Trizano". Según se desprende del archivo histórico del matutino sureño, las manifestaciones de duelo y los honores militares hacia el difunto policía y "forjador del orden en la zona sur" se habrían de suceder en forma ininterrumpida por varias semanas. En su Edición Especial publicada el año 2001 y con motivo de su 85 Aniversario, el Diario Austral le rinde incluso un sentido homenaje calificándolo como "un hombre de gran energía que no conocía el miedo, que luchó siempre cuerpo a cuerpo y que nunca castigó a quienes se rendían o quedaban indefensos". Hasta el día de su muerte, Trizano recibiría una pensión del gobierno de 400 pesos mensuales por sus “valerosos” servicios a la patria.

Trizano en nuestros días

En la actualidad, no son pocas las instituciones -como el Diario Austral de Temuco- que siguen rindiéndole tributo a su memoria. Para Carabineros de Chile, por ejemplo, Hernán Trizano continúa siendo un “héroe nacional” que libró a La Araucanía del cuatrerismo e impuso hidalgamente la ley y el orden en lo que hasta entonces no era más que un desolado y temido Far West. En el sitio web oficial de Carabineros de Chile, específicamente en el relato de su Historia Institucional, los actuales guardianes de la ley y el orden no escatiman elogios para con la vida y obra de su insigne antecesor:

"En esa última etapa resalta el heroísmo y la hidalguía, rodeada de leyenda, del capitán de húsares don Hernán Trizano Avezzano, un oficial del Ejército que consolidó en memorables episodios el orden y la ley en el sur del país, donde los cuatreros y otros delincuentes eran el azote de esforzados colonos. Ante él y sus bravos jinetes sucumbieron avezados delincuentes, lo que permitió que una fértil región de nuestro territorio pudiera contribuir al desarrollo de nuestra economía y al progreso general del país. Esos valientes combatieron la delincuencia con singular éxito y se hicieron merecedores del aprecio, admiración y gratitud de los ciudadanos. Arauco, Malleco, Cautín, Valdivia, Llanquihue y Chiloé, provincias que hoy constituyen nuestras regiones Octava, Novena y Décima, fueron liberadas por Trizano y sus hombres de las montoneras formadas por antisociales e indígenas sin ley ni dios”, señala el sitio web policial.

Tanta “hidalguía” de los Trizano destacada hoy por la institución policial no concuerda sin embargo con los registros que destacados historiadores guardan a la vez de su memoria. “La policía de ese tiempo era una docena de seres andrajosos, sin uniforme, solamente reconocibles por su aire insolente y un quepi blanco, azul, tojo o negro… Su sueldo era de 17 pesos al mes, que rara vez se les pagaba. Por esto, buscaban la forma de subsistir por sus propios medios. Cuando uno se retrasaba en la noche al volver a su casa, debía preparar el revolver y cambiar se acera cuando divisaba a un policía”, consigna Jorge Pinto, destacado historiador de la Universidad de La Frontera.

Así y todo, numerosas calles, avenidas e incluso edificios públicos recuerdan hoy en día el nombre de este diminuto pero sangriento jefe de la policía rural. Actualmente un monolito de Hernán Trizano levantado en la céntrica Avenida Balmaceda de Angol recuerda para las nuevas generaciones de colonos su triste memoria. Sin embargo, también hay quienes gustan de recordarlo más allá de la frialdad de los monumentos oficiales. Es el caso de los miembros del Comando Paramilitar Hernán Trizano surgido el año 2001 en la zona de Malleco, uno de los epicentros claves del conflicto mapuche actual y –¿casualidad del destino?- otrora escenario predilecto de las correrías del capitán mallequino en su intento por pacificar a sangre y fuego las fértiles tierras del entonces llamado “Granero de Chile”.

1. Periodista. Director del Sitio Web de Kontrainformación Mapuche Kolectivo Lientur.

Fuente: www.argentina.indymedia.org/

servido por Victor 4 comentarios compártelo

26 Agosto 2008

Los amigos de Schaeffer.

Por: Maura Brescia, periodista

DURANTE CUATRO DÉCADAS Paul Schäfer logró que se desestimaran los graves
cargos de pedofilia y de violaciones a los derechos humanos en el enclave
germano. De esta forma se convirtió en uno de los criminales más protegidos
de la historia del delito en Chile.

En junio del año 2000 se procedió en Villa Baviera a la incautación de una serie de escritos sobre la contingencia nacional. Los documentos, calificados de muy importantes, fueron entregados al juez de Parral. En cuanto a quiénes realizaron dichos análisis, los investigadores afirmaron que poseían nombres, los que serían puesto en conocimiento del magistrado. Pero las identidades de quienes efectuaron dichos informes fueron acalladas.

Una telaraña socio-política y judicial quedó en evidencia. Se trata de una red de protección construida a partir de comienzos de los '60 y que se amarró durante la dictadura con las visitas de los uniformados, como el propio Pinochet y familiares, del mandamás de la DINA y su hijo. Pero no sólo los militares visitaron el enclave germano. Un grupo de líderes del naciente movimiento gremialista, surgido en el alma mater de la Pontificia Universidad Católica, encabezado por su ideólogo Jaime Guzmán, fueron asiduos visitantes del fundo "El Lavadero", donde realizaban sus seminarios de análisis políticos.

Guzmán y el gremialismo, antecedente político de la UDI, apoyaron la persecución de sus oponentes políticos. Las estrategias para alcanzar dicho objetivo fueron analizadas en sucesivas reuniones realizadas a partir de la década del '70 en Colonia Dignidad. En ellas participaron un grupo de jóvenes estudiantes y titulados de la Universidad Católica, que con el tiempo se convertirían en destacados políticos, académicos y empresarios. Entre éstos, el actual senador Hernán Larraín; el analista del CEP, Arturo Fontaine Talavera; el arquitecto y docente de la Universidad Mayor, Alberto Hardessen; el abogado y socio de la firma Vial y Palma Abogados, Manuel José Vial; el empresario y Director de Terranova S.A., Juan Carlos Méndez. El colono José Efraín Vedder, quien desde niño fue abusado por el pedófilo Paul Schäfer, afirmó en La Nación Dominical que "Hernán Larraín llegó a la Colonia cuando era un estudiante, de la mano de Jaime Guzmán. Larraín ayudó al doctor Hopp a formar la comunidad Perquilauquén. También visitaron la Villa los periodistas Claudio Sánchez y Esteban Montero. Por supuesto que todos los gobernadores, intendentes y carabineros de la zona fueron amigos de la Colonia".

Vedder sostuvo que el senador de la UDI formó parte de la red "Corporación de Amigos de Colonia Dignidad", cuya misión era impedir cualquier investigación en el enclave germano. Recordó que cuando miembros de la Colonia realizaron una huelga de hambre para protestar por los allanamientos en busca del pederasta Schaeffer, los senadores Hernán Larraín y Bruno
Siebert se hicieron presentes para pedir a los colonos que desistieran de su protesta. Entre otros civiles cercanos a Schäfer destacó al dueño de la cadena Jumbo, Horst Paulmann.

Consultado sobre la identidad de los políticos que visitaban el fundo "El Lavadero", el diputado Jaime Naranjo indicó que "los parlamentarios de la VII Región estaban ahí muy presentes, el diputado Sergio Correa, el senador Hernán Larraín, sólo por citar ejemplos". Añadió que el ex ministro de Relaciones Exteriores de Pinochet, Jaime del Valle, en una entrevista publicada en La Segunda en la década del '90, admitió que los miembros del movimiento gremial iban a la Colonia Dignidad.

La precandidata presidencial de la Concertación, Soledad Alvear, afirmó que en su calidad de ministra del gobierno del Presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle recibió presiones de la derecha en favor de Colonia Dignidad. Alvear recordó que "me tocó como ministra de Justicia recibir a varios
parlamentarios, hoy de oposición, que iban a defender a Colonia Dignidad".

*LAS QUEMANTES FIRMAS*

En 1991, cuando el Presidente Patricio Aylwin presentó la cancelación de la personalidad jurídica de Colonia Dignidad, hubo 17 parlamentarios de la UDI y Renovación Nacional –casi todos, excepto Sebastián Piñera- que recurrieron ante el Tribunal Constitucional para alegar la inconstitucionalidad del decreto del ministerio de Justicia que declaraba disuelta la persona
jurídica Sociedad "Benefactora y Educacional Dignidad".

Entre las firmas figuran el actual Presidente del Senado, Sergio Romero, y los senadores Sergio Fernández, Mario Ríos, Sergio Diez, Olga Feliú, Bruno Siebert, William Thayer y Santiago Sinclair. También fue suscrito por Jaime Guzmán y Sergio Onofre Jarpa. El requerimiento fue rechazado, pero dejó de manifiesto cuán poderosa era la red de apoyo de Schäfer, que permitió la impunidad en Villa Baviera. En 1994, otros personeros de la oposición formaron "un grupo de amigos" a favor del hospital y la escuela de Villa Baviera. Entre ellos se encontraban el entonces recientemente elegido senador por la zona, Hernán Larraín; los diputados Carlos Bombal, Evelyn
Matthei, Andrés Chadwick, Jaime Orpis y Juan Antonio Coloma, entre otros. Existe una declaración de 1996 en que 15 parlamentarios de derecha -entre ellos, Hernán Larraín, Mario Ríos y Sergio Fernández- reclaman por un operativo de Investigaciones que pretendía detener a "un anciano de cerca de 80 años, que además sufre la pérdida parcial de la visión". En 1998, los
mismos parlamentarios votaron en contra de una comisión investigadora para esclarecer las violaciones a los derechos humanos cometidas en ese recinto durante el régimen militar.

El actual senador Carlos Bombal ha sido acusado de complicidad en la detención y desaparición de Alejandro Avalos, profesor de la Universidad Católica, cuyo cadáver apareció en Peldehue en 1990. El senador Hernán Larraín afirmó, hace cinco años, que los detenidos desaparecidos fueron asesinados, sin entregar información que ayudara a esclarecer los crímenes. El senador Jovino Novoa fue subsecretario general de Gobierno, en 1982, cuanto fue asesinado Tucapel Jiménez por elementos del Dine, ligados al Departamento de Organizaciones Civiles que estaba bajo su dependencia. Por su parte, el entonces Subsecretario de Economía, Hernán Buchi, fue quien, años antes, había firmado el desahucio laboral del dirigente de la ANEF. El actual senador Sergio Fernández sostenía, en 1978 cuando era ministro del Interior, que el gobierno no tenía antecedente alguno que mostrara la detención de los "presuntos" detenidos desaparecidos.
Un planteamiento similar sostuvo Sergio Diez como embajador ante Naciones Unidas. En 1987, como subsecretario del Interior, Alberto Cardemil, actual diputado RN, sostenía que cinco jóvenes, vinculados al FPMR y secuestrados por agentes de seguridad, estaban ocultos en la clandestinidad. Hoy se sabe que fueron asesinados.

*LOS CIVILES ULTRA*

Los vínculos de Schäfer con Patria y Libertad, el grupo civil armado de ultra derecha que surgió en Chile en la década de los '60, fueron fáciles. La Colonia ofrecía a los conspiradores de ese grupo facilidades y secreto. Allí podían reunirse a planificar sus actos de sabotaje y sus acciones
nacionalistas. Roberto Thieme reconoció frente a las cámaras que los miembros de Patria y Libertad recibieron sistemáticamente entrenamiento militar en Colonia Dignidad durante el período 1970-73. Incluso el abogado Pablo Rodríguez, uno de los líderes más activos de este movimiento que llamaba a derrocar por las armas al Gobierno de Salvador Allende, se entrenaba allí.

Los líderes de Colonia Dignidad continuaron apoyando a los de Patria y Libertad después del derrocamiento de la Unidad Popular y brindaron al régimen militar apoyo financiero, logístico, económico y político. Thieme terminó la entrevista calificando de una vergüenza que los mismos que usufructuaron de esta gente, ahora se laven las manos, no enfrenten la verdad, se alegren de la caída del pedófilo y persistan en la mentira de "no saber nada" de los horrores ocurridos durante 17 años y del activo involucramiento de Schaefer y sus adláteres en ellos.

*LOS PODERES DE ESTADO*

El conflicto no resuelto entre el Estado de Chile y la facción germana refugiada en Villa Baviera se refleja en 18 informes de distintas instituciones públicas que, entre 1968 y la actualidad, fueron emitidos con resoluciones concretas para abordar integralmente el statu quo. Sin excepción, uno a uno han quedado sumidos en el fracaso

Entre ellos, los emitidos por cinco comisiones investigadoras de la Cámara de Diputados entre 1968 y 1997; aquellos de dos ministros de Corte en visita de 1989 y 1996; dos del Consejo de Defensa del Estado de 1969 y 1991; y uno surgido de una sesión especial del Parlamento alemán en 1988, al que hay que agregar el acuerdo del Bundestag de mayo de 2002, que propuso a Chile una serie de medidas específicas para abordar conjuntamente el problema, ninguna de las cuales se implementó. A esto hay que añadir un informe del Registro Civil y otro del Servicio de Impuestos Internos, en los que se abordan los ilícitos cometidos por la dirigencia alemana en estos dos ámbitos.

Por años siguen abiertos y sin resolverse unos 60 procesos civiles y criminales por 20 delitos diferentes en contra de unos 30 altos dirigentes de Colonia Dignidad. Todos estos expedientes están abiertos, pero sin resoluciones definitivas, trabados por razones burocráticas, tráfico de
influencia, pérdida de expedientes, cambio de jueces, o vistas de causas no puestas en tabla por meses y años en las cortes, entre los motivos más conocidos.

Este tipo de organizaciones cuenta con un gran aparato jurídico que, utilizando al máximo las características propias del sistema procesal penal antiguo, ha logrado entrabar los procesos. Sólo en contra de la policía, hay más de 86 recursos presentados por los abogados de la Colonia por sus intervenciones al interior de Dignidad.

El ministro en visita de la Corte de Apelaciones de Talca, Hernán González, dictó el 14 de diciembre de 2000 una sentencia absolutoria en favor del segundo hombre del enclave alemán, el Dr. Harmut Hopp, argumentando que no hubo ilegalidades en la adopción de un menor. Tras esa resolución, el Consejo de Defensa del Estado, el Servicio Nacional de Menores y otros querellantes apelaron, acción que fue rechazada por el tribunal de alzada maulino, instancia que el 9 de septiembre de 2002 mantuvo la absolución a Hopp. Dicho fallo llevó al abogado querellante, Hernán Fernández, a interponer un recurso de casación en el fondo para que la Corte Suprema emitiera su opinión. La Segunda Sala del Máximo Tribunal, integrada por los
ministros Enrique Cury, Milton Juica, Jaime Rodríguez y los abogados integrantes Fernando Castro y Emilio Pfeffer, consideraron que no existiría delito, puesto que a la época en que debieron ocurrir los hechos considerados como delictuales no existía ley que los sancionara, por lo que debía rechazarse el recurso. El 22 de septiembre de 2004, la Corte Suprema absolvió definitivamente al jerarca de la ex Colonia Dignidadl del delito de adopción ilegal por el que había sido encausado en el 2000.

En el pasado, hubo reportajes de canal 13 que fueron verdaderas operaciones comunicacionales. José Manuel Villouta criticó duramente el eufemismo usado en el programa "Contacto" para referirse al apoyo de la derecha a Colonia Dignidad, cuando la conductora, Mercedes Ducci, hablaba de "autoridades de la época" o "cierta prensa". El iconoclasta conductor de TV escribe en su página que "Villa Baviera contaba con el apoyo a brazo partido de Jovino Novoa, Hernán Larraín, Jaime Guzmán, Pinochet y El Mercurio". El prefecto (R) Luis Henríquez, ex subdirector y ex jefe de inteligencia de la Policía de Investigaciones, quien por más tiempo dirigió las pesquisas
relacionadas al enclave germano, afirma que "la red de protección -que incluía a fiscalizadores, parlamentarios, jueces, industriales, personajes públicos y sacerdotes- todavía funciona, aunque hoy más debilitada". Por otro lado, un juicio iniciado por Colonia Dignidad contra del decreto Nº
143 del ex Presidente Patricio Aylwin, mediante el cual se caducó la personalidad jurídica a la "Sociedad Benefactora y Educacional Dignidad" el 31 de enero de 1991, todavía está pendiente en las cortes.

Fuente: Chileradio.cl <http://chileradio.cl/>*

servido por Victor sin comentarios compártelo

4 Julio 2008

El Imperio del Consumo

Por Eduardo Galeano

La explosión del consumo en el mundo actual mete más ruido que todas las guerras y arma más alboroto que todos los carnavales. Como dice un viejo proverbio turco, quien bebe a cuenta, se emborracha el doble. La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran borrachera universal parece no tener límites en el tiempo ni en el espacio.

Pero la cultura de consumo suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la hora de la
verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por su sombra y por los platos rotos que debe pagar. La expansión de la demanda choca con las fronteras que le impone el mismo sistema que la genera. El sistema necesita mercados cada vez más abiertos y más amplios, como los pulmones necesitan el aire, y a la vez necesita que anden por los suelos, como andan, los precios de las materias primas y de la fuerza humana de trabajo. El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: para casi todos esta aventura comienza y termina en la pantalla del televisor. La mayoría, que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo.

El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Dime cuánto consumes y te dirécuánto vales. Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En la fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar. Este modo de vida no es muy bueno para la gente, pero es muy bueno para la industria farmacéutica. EEUU consume la mitad de los sedantes, ansiolíticos y demás drogas químicas que se venden legalmente en el mundo, y más de la mitad de las drogas prohibidas que se venden ilegalmente, lo que no es moco de pavo si se tiene en cuenta que EEUU apenas suma el cinco por ciento de la población mundial. «Gente infeliz, la que vive comparándose», lamenta una mujer en el barrio del Buceo, en Montevideo. El dolor de ya no ser, que otrora cantara el tango, ha dejado paso a la vergüenza de no tener. Un hombre pobre es un pobre hombre. «Cuando no tenés nada, pensás que no valés nada», dice un muchacho en el barrio Villa Fiorito, de Buenos Aires. Y otro comprueba, en la ciudad dominicana de San Francisco de Macorís: «Mis hermanos trabajan para las marcas. Viven comprando etiquetas, y viven sudando la gota gorda para pagar las cuotas». Invisible violencia del mercado: la diversidad es enemiga de la rentabilidad, y la uniformidad manda. La producción en serie, en escala gigantesca, impone en todas partes sus obligatorias pautas de consumo. Esta dictadura de la uniformización obligatoria es más devastadora que cualquier dictadura del partido único: impone, en el mundo entero, un modo de vida que reproduce a los seres humanos como fotocopias del consumidor
ejemplar.

El consumidor ejemplar es el hombre quieto. Esta civilización, que confunde
la cantidad con la calidad, confunde la gordura con la buena alimentación. Según la revista
científica The Lancet, en la última década la «obesidad severa» ha crecido casi un 30 %
entre la población joven de los países más desarrollados. Entre los niños norteamericanos, la
obesidad aumentó en un 40% en los últimos dieciséis años, según la investigación reciente del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Colorado. El país que inventó las comidas y bebidas light, los diet food y los alimentos fat free, tiene la mayor cantidad de gordos del mundo. El consumidor ejemplar sólo se baja del automóvil para trabajar y para mirar televisión. Sentado ante la pantalla chica, pasa cuatro horas diarias devorando comida de plástico. Triunfa la basura disfrazada de comida: esta industria está conquistando los paladares del mundo y está haciendo trizas las tradiciones de la cocina local. Las costumbres del buen comer, que vienen de lejos, tienen, en algunos países, miles de años de refinamiento y diversidad, y son un patrimonio colectivo que de alguna manera está en los fogones de todos y no sólo en la mesa de los ricos. Esas tradiciones, esas señas de identidad cultural, esas fiestas de la vida, están siendo apabulladas, de manera fulminante, por la imposición del saber químico y único: la globalización de la hamburguesa, la dictadura de la fast food. La plastificación de la comida en escala mundial, obra de McDonald´s, Burger King y otras fábricas, viola exitosamente el derecho a la autodeterminación de la cocina: sagrado derecho, porque en la boca tiene el alma una de sus puertas.


El campeonato mundial de fútbol del 98 nos confirmó, entre otras cosas, que la tarjeta MasterCard tonifica los músculos, que la Coca-Cola brinda eterna juventud y que el menú de McDonald´s no puede faltar en la barriga de un buen atleta. El inmenso ejército de McDonald´s dispara hamburguesas a las bocas de los niños y de los adultos en el planeta entero. El doble arco de esa M sirvió de estandarte, durante la reciente conquista de los países del Este de Europa. Las colas ante el McDonald´s de Moscú, inaugurado en 1990 con bombos y platillos, simbolizaron la victoria de Occidente con tanta elocuencia como el desmoronamiento del Muro de Berlín.


Un signo de los tiempos: esta empresa, que encarna las virtudes del mundo libre, niega a sus empleados la libertad de afiliarse a ningún sindicato. McDonald´s viola, así, un derecho legalmente consagrado en los muchos países donde opera. En 1997, algunos trabajadores, miembros de eso que la empresa llama la Macfamilia, intentaron sindicalizarse en un restorán de Montreal en Canadá: el restorán cerró. Pero en el 98, otros empleados e McDonald´s, en una pequeña ciudad cercana a Vancouver, lograron esa conquista, digna de la Guía Guinness.

Las masas consumidoras reciben órdenes en un idioma universal: la publicidad ha logrado lo que el esperanto quiso y no pudo. Cualquiera entiende, en cualquier lugar, los mensajes que el televisor transmite. En el último cuarto de siglo, los gastos de publicidad se han duplicado en el mundo. Gracias a ellos, los niños pobres toman cada vez más Coca-Cola y cada vez menos leche, y el tiempo de ocio se va haciendo tiempo de consumo obligatorio. Tiempo libre, tiempo prisionero: las casas muy pobres no tienen cama, pero tienen televisor, y el televisor tiene la palabra. Comprado a plazos, ese animalito prueba la vocación democrática del progreso: a nadie escucha, pero habla para todos. Pobres y ricos conocen, así, las virtudes de los automóviles último modelo, y pobres y ricos se enteran de las ventajosas tasas de interés que tal o cual banco ofrece.

Los expertos saben convertir a las mercancías en mágicos conjuntos contra la soledad. Las cosas tienen atributos humanos: acarician, acompañan, comprenden, ayudan, el perfume te besa y el auto es el amigo que nunca falla. La cultura del consumo ha hecho de la soledad el más lucrativo de los mercados. Los agujeros del pecho se llenan atiborrándolos de cosas, o soñando con hacerlo. Y las cosas no solamente pueden abrazar: ellas también pueden ser símbolos de ascenso social, salvoconductos para atravesar las aduanas de la sociedad de clases, llaves que abren las puertas prohibidas. Cuanto más exclusivas, mejor: las cosas te eligen y te salvan del anonimato multitudinario. La publicidad no informa sobre el producto que vende, o rara vez lo hace. Eso es lo de menos. Su función primordial consiste en compensar frustraciones y alimentar fantasías: ¿En quién quiere usted convertirse comprando esta loción de afeitar?

El criminólogo Anthony Platt ha observado que los delitos de la calle no son solamente fruto de la pobreza extrema. También son fruto de la ética individualista. La obsesión social del éxito, dice Platt, incide decisivamente sobre la apropiación ilegal de las cosas. Yo siempre he escuchado decir que el dinero no produce la felicidad; pero cualquier televidente pobre tiene motivos de sobra para creer que el dinero produce algo tan parecido, que la diferencia es asunto de especialistas. Según el historiador Eric Hobsbawm, el siglo XX puso fin a siete mil años de vida humana centrada en la agricultura desde que aparecieron los primeros cultivos, a fines del paleolítico.


La población mundial se urbaniza, los campesinos se hacen ciudadanos. En América Latina tenemos campos sin nadie y enormes hormigueros urbanos: las mayores ciudades del mundo, y las más injustas. Expulsados por la agricultura moderna de exportación, y por la erosión de sus tierras, los campesinos invaden los suburbios. Ellos creen que Dios está en todas partes, pero por experiencia saben que atiene den las grandes urbes.

Las ciudades prometen trabajo, prosperidad, un porvenir para los hijos. En los campos, los esperadores miran pasar la vida, y mueren bostezando; en las ciudades, la vida ocurre, y llama. Hacinados en tugurios, lo primero que descubren los recién llegados es que el trabajo falta y los brazos sobran, que nada es gratis y que los más caros artículos de lujo son el aire y el silencio.

Mientras nacía el siglo XIV, fray Giordano da Rivalto pronunció en Florencia un elogio de las ciudades. Dijo que las ciudades crecían «porque la gente tiene el gusto de juntarse». Juntarse, encontrarse. Ahora, ¿quién se encuentra con quién? ¿Se encuentra la esperanza con la realidad? El deseo, ¿se encuentra con el mundo? Y la gente, ¿se encuentra con la gente? Si las relaciones humanas han sido reducidas a relaciones entre cosas, ¿cuánta gente se encuentra con las cosas?

El mundo entero tiende a convertirse en una gran pantalla de televisión, donde las cosas se miran pero no se tocan. Las mercancías en oferta invaden y privatizan los espacios públicos. Las estaciones de autobuses y de trenes, que hasta hace poco eran espacios de encuentro entre personas, se están convirtiendo ahora en espacios de exhibición comercial. El shopping center, o shopping mall, vidriera de todas las vidrieras, impone su presencia avasallante. Las multitudes acuden, en peregrinación, a este templo mayor de las misas del consumo. La mayoría de los devotos contempla, en éxtasis, las cosas que sus bolsillos no pueden pagar, mientras la minoría compradora se somete al bombardeo de la oferta incesante y extenuante. El gentío, que sube y baja por las escaleras mecánicas, viaja por el mundo: los maniquíes visten como en Milán o París y las máquinas suenan como en Chicago, y para ver y oír no es preciso pagar pasaje. Los turistas venidos de los pueblos del interior, o de las ciudades que aún no han merecido estas bendiciones de la felicidad moderna, posan para la foto, al pie de las marcas internacionales más famosas, como antes posaban al pie de la estatua del prócer en la plaza. Beatriz Solano ha observado que los habitantes de los barrios suburbanos acuden al center, al shopping center, como antes acudían al centro. El tradicional paseo del fin de semana al centro de la ciudad, tiende a ser sustituido por la excursión a estos centros urbanos. Lavados y planchados y peinados, vestidos con sus mejores galas, los visitantes vienen a una fiesta donde no son convidados, pero pueden ser mirones. Familias enteras emprenden el viaje en la cápsula espacial que recorre el universo del consumo, donde la estética del mercado ha diseñado un paisaje alucinante de modelos, marcas y etiquetas.

La cultura del consumo, cultura de lo efímero, condena todo al desuso mediático. Todo
cambia al ritmo vertiginoso de la moda, puesta al servicio de la necesidad de vender. Las cosas envejecen en un parpadeo, para ser reemplazadas por otras cosas de vida fugaz. Hoy que lo único que permanece es la inseguridad, las mercancías, fabricadas para no durar, resultan tan volátiles como el capital que las financia y el trabajo que las genera. El dinero vuela a la velocidad de la luz: ayer estaba allá, hoy está aquí, mañana quién sabe, y todo trabajador es un desempleado en potencia. Paradójicamente, los shoppings centers, reinos de la fugacidad, ofrecen la más exitosa ilusión de seguridad. Ellos resisten fuera del tiempo, sin edad y sin raíz, sin noche y sin día y sin memoria, y existen fuera del espacio, más allá
de las turbulencias de la peligrosa realidad del mundo.

Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los ídolos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a mudarnos? ¿Estamos todos obligados a creernos el cuento de que Dios ha vendido el planeta unas cuantas empresas, porque estando de mal humor decidió privatizar el universo? La sociedad de consumo
es una trampa cazabobos. Los que tienen la manija simulan ignorarlo, pero cualquiera que tenga ojos en la cara puede ver que la gran mayoría de la gente consume poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar la existencia de la poca naturaleza que nos queda. La injusticia social no es un error a corregir, ni un defecto a superar: es una necesidad esencial. No hay naturaleza capaz de alimentar a un shopping center del tamaño del planeta.















servido por Victor sin comentarios compártelo

12 Diciembre 2007

Capa, en el dia "D"

El dia 6 de Junio de 1944, acompañando al 16º Regimiento de Infanteria americano, en su desembarco en las costas de Normandia, en el sector denominado playa "Omaha".
Bajo el fuego enemigo logro tomar tres rollos de fotografias, 106 fotos en total, de las cuales solo una tira de 11 fotografias se pudieron recuperar, debido a lo apresurado que se intentaron revelar en un laboratoriode Inglaterra, cuenta John G. Morris (Editor fotografico de aquellos años):

"Dennis mi ayudante, subio las escaleras apresuradamente y me grito: las fotos de Capa estan arruinadas! todolos rollos estan arruinados!"
Lo que ocurrio fue que en lo apresurado que intentaron revelar los rollos,decidieron acelerar el proceso de revelado cerrando las ventanillas de la secadora de forma que los negativos se secaran mas rapidamente despues de haberlas revelado, pero sin ventilacion, y el calor excesivo quemaron los rollos.
Las unicas imagenes que se salvaron fueron las del momento mas importante del desembarco, justo el momento que se alcanzaba la playa, el daño producido sobre la emulsion, por efecto del calor le dieron a las imagenes un desenfoque que impedia positivar imagenes nitidas, aun asi esa falta de definicion le dan a las imagenes una extraña sensacion de realidad, aun mas intensa que si estuvieran correctamente procesadas. Algo que impacto al director Steven Spielberg he incluso decidio plasmar en la pantalla grande esa misma sensacion de poca nitidez en su pelicula "Rescatando al soldado Ryan" dandole asi un toque realista de confusion a las imagenes.
De los 3 rollos, solo se logro rescatar esta secuencia, que muestra los primeros momentos del desembarco.

Para ver fotos con mayor amplitud o mas informacioningrese a:

http://elmontecristo.blogspot.com/

http://www.taringa.net/posts/imagenes/975728/grande-de-la-fotografia-Robert-Capa-+-Info-+-fotos.html

http://www.skylighters.org/photos/robertcapa.html

http://fotometria.wordpress.com/2007/04/22/31/

http://www.mefeedia.com/entry/el-desembarco-de-normand-a/3513638/

Reportaje sobre la cara de playa Omaha, soldado fotografiado por Capa en pleno desembarco:

http://www.elmundo.es/elmundo/2007/10/10/internacional/1192010949.html

servido por Victor 4 comentarios compártelo

11 Diciembre 2007

El Soldado caido, la controversia.

A 70 años de un ícono: Muerte de un miliciano



La “historia oficial” dice que el 5 de septiembre de 1936, en el Cerro Muriano, Robert Capa logró fotografiar a un miliciano anarquista en el instante que es herido de muerte. Historiadores ponen en duda su veracidad y otros la defienden a capa y espada. Sigue siendo la mayor polémica en torno a una foto.

La imagen, grandilocuente y teatral, pasó a convertirse en uno de los íconos del fotoperiodismo de todos los tiempos. Está cargada de la impronta de la Guerra Civil en España, cuyo territorio fue disputado por ideologías antagónicas. La foto de Robert Capa (Endro Friedmann) ha servido para alimentar una visión romántica de la que se creía era la lucha entre el bien y el mal pero, en una de esas, es apenas una puesta en escena.

La fotografía, nada inocente por cierto, muestra a un soldado que pareciera morir abatido por una ráfaga de ametralladora en el campo del honor y al estilo de Hollywood: de manera tan heroica como conmovedora.

Publicada por primera vez en la revista francesa Vu el 23 de septiembre de 1936 bajo el subtítulo “Comment ils sont tombes” (“Cómo ellos son muertos”) y, diez meses después, en la norteamericana Life del 12 de julio de 1937 para ilustrar el articulo “Death in Spain: The Civil War has taken 500,000 lives in one year” (Muerte en España: la Guerra Civil se cobró500.000 vidas en un año). Esa foto fue la puerta de ingreso a la celebridad de Endro Friedmann, quien por entonces comenzaba a utilizar el seudónimo de Robert Capa.

Era un joven ambicioso de 23 años de edad que, con el tiempo, demostró ser el más importante corresponsal de guerra de la historia, ofrendando su vida en Indochina, en 1954. En ese sentido, su valor y coraje no pueden ser puestos en duda en lo más mínimo, ni tampoco el sentido épico y trascendente de sus imágenes que están entre las mejores de la historia del fotoperiodismo.
Pero no es sobre su persona donde existen dudas, sino en relación a una imagen que plantea algunos interrogantes.


Vagos recuerdos de Capa

Robert Capa ofreció diferentes versiones de cómo hizo la foto, que han sido compiladas por el crítico e historiador de fotografía Luca Pagni (1).

En una relata que permanecía al cubierto en una trinchera mientras los “franquistas estaban tirando con una ametralladora” y que “de tanto en tanto, un grupo saltaba fuera cuando recibían la orden de conquistar la posición de los nacionalistas”. En un determinado momento, dice que sacó un brazo fuera de la trinchera empuñando la Leica, apuntó y cuando sintió partir la carga de los milicianos, hizo la foto.

Pero en Septiembre de 1937, el diario New York World-Telegram había dado una versión diferente: el miliciano había saltado fuera de la trinchera seguido por Capa y, al iniciarse el fuego de la ametralladora, automáticamente hizo la foto, cayendo a la derecha del cuerpo del miliciano abatido.

Una tercera versión, del mismo Capa, cuenta que conocía al miliciano, con quien solía hacer bromas y que se habían puesto a correr hasta que en un determinado momento lo encuadró con la cámara y de improviso una ráfaga de ametralladora lo abatió.

Después, envió el rollo a París, para que fuera revelado, y al regresar a Francia tres meses más tarde se sorprendió al haberse convertido en un “fotógrafo famosísimo”.

Comienzan las dudas


En la edición de “Fotografía Italiana” de junio de 1972, el curador, crítico e historiador Piero Berengo Gardin fue el primero en sembrar dudas sobre la autenticidad de aquella fotografía, después de analizar una tira de contactos del negativo original que, aparentemente, es lo único que se conserva de las tomas realizada por Capa (2).

En la serie de cuadros aparece el primero y el segundo miliciano, y en cuadros subsiguientes, está saludando junto a otros soldados de su compañía. Esa fue la punta del ovillo en sembrar una duda que continúa hasta nuestros días.
Otro empujoncito hacia el abismo fue dado por el fotógrafo inglés O’Dowd Gallagher, corresponsal del London Daily Press durante la Guerra Civil. En una entrevista que le hizo el historiador Phillip Knightley en 1974, afirmó que “yo y Capa le dijimos a la autoridad que lamentábamos no poder obtener aquellas fotos que los diarios esperaban de nosotros. Entonces la autoridad organizó un simulacro de ataque y nosotros obtuvimos las fotos que queríamos”.

Investigaciones posteriores determinaron que Gallagherno estaba en Córdoba en septiembre de 1936. Además, en otro reportaje dijo que las maniobras eran realizadas por tropas nacionalistas, lo cual no se ajusta a la verdad ya que incluso en la gorra del miliciano se puede leer la sigla “CNT”, de la agrupación anarco-sindicalista “Confederación Nacional de Trabajo”.

Al margen de esos devaneos, quien aporta elementos contundentes es el investigador Luca Pagni que, como ya lo mencionamos, le ha dedicado mucho tiempo y esfuerzo al tema.

Federico Borrell


La versión de que el miliciano de la foto es Federico Borrell García surgió del testimonio Mario Brotóns Jordá, autor del libro “Retazos de una época de inquietudes” (1995), quien a los 14 años de edad se había alistado en la Milicia Republicana habiendo participado del combate del Cerro Muriano en septiembre de 1936.

Había conocido al hermano menor de Borrell García, de nombre Evaristo, quien le dijo que Federico había muerto ese día en el Cerro Muriano.

Esos datos servirían para confirmar la filiación de un miliciano que pertenecía a una unidad de Alicante y que habría muerto el 5 de septiembre de 1936, pero no es una prueba de que la foto haya sido obtenida en la misma circunstancia. No se niega la existencia del miliciano ni como fue su muerte, sino que el punto es la veracidad de la foto.
Hay que considerar que el testimonio de Brotóns Jordá fue realizado medio siglo después en referencia a acontecimientos y personas que había conocido cuando tenía 14 años de edad. Capa, ni sus contemporáneos, jamás mencionaron a Federico Borrell, ni a nadie, como el protagonista de la imagen (3).

Luca Pagni ha echado un poco más de leña al fuego: le escribió al Archivo General de la Guerra Civil Española, preguntando sobre el miliciano. En diciembre de 2002, Miguel Angel Jaramillo Guerreira, su responsable, le respondió: “en este archivo no aparece fichado el fallecimiento de Federico Borrell e igualmente mi extrañeza al ver que un dato tan relevante no se confirme con la copia del documento o con la referencia al mismo en el archivo en que se ha encontrado”.
Richard Whelan, biógrafo de Capa y conservador de su archivo en el ICP de Nueva York, como era de esperarse defiende a “Capa y espada” la autenticidad de la foto basándose en la identificación de quien fue el muerto realizada por Mario Brotóns, pero Pagni le retruca que “en ningún archivo militar o civil español está registrada la muerte de Federico Borrell García, nombre ligado al “Miliciano que cae”.

Whelan insiste con una arenga: “Espero que la difamatoria controversia que ha puesto en entredicho la reputación de Robert Capa durante más de veinte años concluya por fin con un veredicto decididamente favorable a la integridad de Capa”.

El historiador español Miguel Pascual, autor del libro “Milicianos”, azuza la llama con el aporte de una carta de 1937 en la que un testigo relata que aquel joven del batallón de Alcoy murió a las cuatro de la tarde al ser alcanzado por una bala mientras defendía una de las baterías de 7,5 cm del Quinto Ligero de Valencia, pero sucedió cuando estaba parapetado detrás de un árbol. ¡Capa lo fotografió corriendo en campo abierto!

¿dos milicianos?

Mediante la superposición de las fotografías publicadas por “Vu” en septiembre de 1936, en la que dos milicianos aparecen “abatidos” casi en un mismo momento, Pagni demuestra que el desplazamiento de la cámara fue mínimo, como si estuviera montada en un trípode.

Es ahí donde surge la primera sorpresa: exactamente en el mismo lugar y con apenas una pequeña diferencia de encuadre, Capa fotografió nada menos que a dos milicianos que caen heridos. El había declarado que la foto la tomó literalmente “al vuelo”.



La Leica de la década del 30, que es la cámara de Capa dice haber utilizado, tiene un sistema de avance de la película por medio de una perilla que no permite realizar rápidas secuencias. Pero aún en el caso de que pudiera haber sido veloz como un rayo, ¿Cómo es posible que dos personas caigan bajo fuego enemigo en elmismo lugar y casi en el mismo momento y que, además, el encuadre sea casi idéntico?




Otro detalle interesante se refiere al propio archivo de Magnum Photos, donde la foto según Luca Pagni ha tenido tres versiones: “September 5th, 1936(?). Repubblican soldier.”; “probably September 5th, 1936. Loyalist militia” y la última, “September 5, 1936. Republican militiaman (Federico Borrell Garcia) at the moment of death. (“The Falling Soldier”) ICP 154". También menciona Pagni que “raramente hayan sido publicadas, todas juntas, las fotos hechas por Robert Capa en las varias batallas en las cuales ha participado”.









La nueva Hipotesis






Una nueva teoria refuta las versiones sobre un montaje. El capitan Robert L. Franks Jefe del Departamento de Homicidios de Memphis (USA). Dice que la foto es real, el soldado que cae herido por una bala es veridica por un detalle,el desu mano izquierda, que demuestra que el impacto de la bala sumado al dolor hizo que los dedos del soldado se encurbaran hacia dentro, en cambio si hubiese sido un montaje las manos estarian extendidas para evitar el golpe de la caida, por lo tanto este reflejo inconciente demuestra la veracidad del acontecimiento, ademas de mencionar que en la foto secuencia, seve que la formacion quefinalmente llega a la loma y se parapeta en posicion de combate es menor en numero, que la cantidad que aparecen saltando a ella, por lo que demuestra que hubo un ataque en contra de aquellos soldados y reafirma la posible muerte de algunos milicianos en la instantanea.

El miliciano recibió dos disparos



A modo de cierre valen las palabras de Santiago Navajas, quien con una sutil ironía escribió: “El 5 de septiembre de 1936 Francisco Borrell recibió dos disparos. El primero, por la espalda, le mató. El que recibió de frente le inmortalizó. La foto de guerra más famosa, del más valiente de los reporteros gráficos, Robert Capa , quizás sea sólo un montaje. Hay a quien le importa sobremanera y a quien le importa un bledo”




(1) www.photographers.it/cultura/index.cfm y, respecto a todos los documentos sobre la autenticidad de la foto véase: http://www.photographers.it/articoli/Capa.htm.
(2). Según Cornell Capa, citado por Luca Pagni, su hermano Robert había perdido en 1940 una valija que tenía esos negativos y varias fotografías. La había confiado a un veterano de la Guerra Civil cuando estaba en Francia para que la escondiera y, de esa manera, evitar que cayera en manos de los Alemanes.En 1981, en los Archivos Nacionales de Francia, en París, fueron encontrados cuadernos con los contactos de 2.500 negativos que habían pertenecido a Capa.
(3) Los comentarios de Brotóns se pueden consultar en la página www.photographers.it/articoli/mariobrotons
.htm.

Mas informacion:

http://www.pbs.org/wnet/americanmasters/database/capa_r.html

servido por Victor 3 comentarios compártelo

11 Diciembre 2007

Robert Capa

"Si tus fotos no son lo suficientemente buenas… es que no te has acercado lo suficiente”


Robert Capa nació en Hungría el 22 de octubre de 1913 fue y será el mas famoso corresponsal de grafico de guerra del siglo XX, su verdadero nombre era Erno Andrei Friedman.

Nacido en el seno de una familia con ciertos recursos económicos. Su madre una diseñadora de modas y su padre un pensador intelectual con influencias aristocráticas. En Hungría, en esos tiempos, era costumbre pertenecer a un círculo, ya fuera artístico o político, y Endré, que no fue una excepción, entró a dichos círculos, donde era tradición poner sobrenombres. Así fue como recibió el apodo de Bandi.

Condenado en su adolescencia a vivir vagando por la ciudad por la instauración del taller de sus padres en la casa, después de que éstos perdieran el local a raíz de la depresión económica de 1929. En estas andanzas conocería a una de las mujeres que más influyó en su vida, y se puede decir que, si no hubiera sido por ella no habría llegado a ser un gran fotógrafo. El nombre de esa mujer era Eva Besnyo, quien desde muy joven tuvo un gran interés por la fotografía. Eva era una de esas personas a las que le parecía más productivo tomar fotografías que hacer sus deberes escolares. En su juventud ya tomaba fotografías con su cámara Kodak Brownie. Ella y su especial gusto por este arte motivaron el primer contacto de Endré con la fotografía.Endré era muy solicitado por sus amigos, ya que se caracterizaba por ser un joven generoso y leal con sus amigos.

Ya hacia sus florecientes diecisiete años y esperando terminar su vida escolar, Endré conoce a una de esas personas que moldearían su vida, uno de esos buenos amigos que emprendían sus senderos, con excelentes consejos, apoyo económico oportuno, conexiones apropiadas, sugerencias artísticas y concepciones acerca de la vida. Este ilustre personaje se llamaba Lajos Kassak, quien, con tendencias socialistas, se decidió a ayudar a cualquier artista con corrientes constructivistas. Dio a conocer la fotografía como un objeto social mostrando las injusticias del sistema capitalista y presentando trabajos en sus seminarios como los de Jacob Riis y Lewis Hine.

En 1929 la situación política de Hungría iba de mal en peor con la llegada al poder de Adolf Hitler en Alemania y la imposición de un gobierno fascista en el país húngaro, lo que obligó al joven Endré a salir del país junto a la gran masa de jóvenes que se sentían presionados por la falta de un gobierno democrático y garantías económicas.

A los 18 años abandona Hungría, entonces ya bajo un gobierno fascista. Tras su paso por Alemania, viaja a París, donde conoce al fotógrafo David Seymour quien le consigue un trabajo como reportero gráfico en la revista Regards para cubrir las movilizaciones del Frente Popular. En París conoce también a la que sería su novia, la fotógrafa alemana Gerda Taro (Gerda Pohorylles).

Al estallar la Guerra Civil Española en julio de 1936, Capa se traslada a España con su novia para cubrir los principales acontecimientos de la contienda española. Implicado en la lucha antifascista y con la causa de la República, estuvo presente, desde ese lado, en los principales frentes de combate, desde los inicios en el frente de Madrid hasta la retirada final en Cataluña.

Siempre en primera línea, es mundialmente famosa su fotografía "Muerte de un Miliciano ", tomada en Cerro Muriano, en el frente de Córdoba, el 5 de septiembre de 1936.

Reproducida en la mayoría de los libros sobre la Guerra civil, su autenticidad ha sido en ocasiones puesta en cuestión por algunos, alegando que fue un montaje, pero los últimos estudios han permitido, al parecer, determinar no ya la fecha y el lugar, sino incluso el nombre del miliciano, identificado como Federico Borrell García, miliciano anarquista de veinticuatro años.

Durante la retirada del ejército republicano en la batalla de Brunete, en julio de 1937 Gerda Taro muere al frenar el coche en cuyo estribo viajaba, caer y ser arrollada por el tanque que el conductor intentó evitar. En este tiempo, Capa cubrió también diferentes episodios de la invasión japonesa de China, ya en los prolegómenos de la II Guerra Mundial.

Durante la II Guerra Mundial, está presente en los principales escenarios bélicos de Europa, así desde 1941 a 1945 viaja por Italia, Londres y Norte de África. Del desembarco aliado en Normandía, el 6 de junio de 1944, el famoso día-D, son clásicas sus fotografías tomadas, junto a los soldados que desembarcaban en la propia playa denominada Omaha en la terminología de la operación. Plasmó asimismo en imágenes la liberación de París. Con motivo de su trabajo durante este conflicto, fue galardonado por el general Eisenhower con la Medalla de la Libertad.

En 1947 creó, junto con los fotógrafos Henri Cartier-Bresson, Rodger, Vandiver y David Seymour, la agencia Magnum Photos, donde Capa realizó un gran trabajo fotográfico, no solo en escenarios de guerra sino también en el mundo artístico, en el que tenía grandes amistades, entre las que se incluían Pablo Picasso, Ernest Hemingway y John Steinbeck.

En 1954, encontrándose en Japón visitando a unos amigos de antes de la guerra, fue llamado por la revista Life para reemplazar a otro fotógrafo en Vietnam, durante la Primera Guerra de Indochina. En la madrugada del 25 de mayo, mientras acompañaba a una expedición del ejército francés por una espesa zona boscosa, pisó inadvertidamente una mina y murió, siendo el primer corresponsal americano muerto en esta guerra y terminando así una azarosa vida profesional, guiada por una frase que popularizó: Si tus fotos no son lo suficientemente buenas es que no te has acercado lo suficiente.

servido por Victor sin comentarios compártelo

7 Diciembre 2007

Tololo Pampa

La Leyenda de la ciudad perdida
Este lugar, se encuentra ubicado cerca del Canto de Agua, en los llanos de Challe. Cuentan los mineros que en estas extensas planicies, aparece como un fantasma de luces, colores, calles, vida nocturna bares y restoranes; formando una hermosa ciudad.
El minero o el arriero que ha sufrido esta experiencia, nos relata haber comido, bailado, tomado y comprado más de algún regalo para su mujer; pero al otro día aparece durmiendo a pleno sol, con la cabeza apoyada sobre una piedra. La ciudad sólo ha quedado en su imaginación, pero en uno de sus bolsillos está el regalo de su novia, está el pañuelo de seda rojo que el compró para el cuello.
El Tololo Pampa, una vez más recibió al viajero en una noche de espejismo y desaparece entre la “camanchaca” de los extensos llanos.
Hay una versión de un matrimonio de Santiago, que viajando desde Vallenar rumbo a Carrizal, antiguo puerto histórico de la costa de Atacama; equivocadamente tomó un camino minero que los llevó a la mina de Capote Aurífero. Minas históricas llena de leyendas y precisamente ubicadas en los cerros altos frente a las extensas planicies del Tololo Pampa. El sereno de la mina de los Callejas, les mostró las minas, las ruinas del campamento, las ruinas de una planta procesadora de minerales. Las antiguas construcciones del hospital de Capote donde nace el autor de este libro de leyendas, como para hacerles más grata su estadía en la mina Capote, que el protege y cuida celosamente por encargo de los señores Callejas de Freirina; les cuenta la leyenda de Tololo Pampa y como para sentirse acompañado ese día domingo de marzo, les ofrece el rico te del cerro con pan amasado y queso de cabra producto de las majadas del sector preñado de flora costera.

Bajaron un poco tarde, casi oscureciendo y al llegar al fondo de la quebrada luego de bajar la cuesta de la mina Capote Aurífero, divisaron muchas luces como las del pueblo. No lo pensaron dos veces y se imaginaron la leyenda del minero, dirigiendo su vehículo valientemente al lugar, entraron por calles empedradas de una ciudad muy bien instalada. Llena de ruido, de vida, de música, vehículos y pararon frente a un hotel restaurant pensando en cenar y dormir, para el día siguiente seguir rumbo al valle de Tierra Amarilla y al museo Mina el Tránsito.
Contaron que luego de cenar se retiraron a sus habitaciones. Sorpresa mayúscula, un dormitorio como de reyes. El alhajamiento con candelabros, floreros, ceniceros de plata, lámparas de pedestal y colgantes de blanco metal. Nos cuenta la dama que tomó un cenicero de plata y lo colocó debajo de la almohada como para no olvidarse que tenía que traerlo para testimoniar su presencia en el Tololo Pampa. Muy temprano sintió los rayos solares quemándole su rostro y su sorpresa fue grande al mirar su entorno. El cenicero amaneció bajo su cabeza y brillaba hermoso con su resplandor argentífero. Una extensa planicie, un llano inmenso. El vehículo que estacionaron en los costados del hotel, estaba ahí, a unos cuantos metros de ellos. Se miraron, subieron al auto y presurosamente abandonaron el lugar.
Fuente: www.km807.cl

servido por Victor 7 comentarios compártelo

1 Diciembre 2007

Los hombres Hiena

Una foto con Historia


Esta foto gano el primer lugar de la categoria Retratos Individuales del World Press Photo del 2006, el prestigioso concurso mundial. La tomo el fotógrafo sudafricano Pieter Hugo.

Un día Hugo vio en Internet la imagen capturada con un celular de un sudafricano que vivía en Nigeria. Este iba en su taxi cuando vio una banda de caminantes con un montón de hienas y monos y serpientes. Tomo la foto desde el taxi. Hugo quedo impresionado con la foto y partió rumbo a Nigeria a buscar a los extraordinarios hombres-hiena.

Hugo publico un libro llamado (The Hyena & Other Men) donde retrato los dos años que paso inmortalizando a los hombres-hiena.

Se trata de una banda de juglares. Es decir, de gente que va por los caminos mostrando su espectáculo, algo similar a los juglares de fines de la Edad Media que transitaban por Europa. Con la salvedad que esta vez los que recorren las calles no son malabaristas, cantadores o saltimbanquis, sino, domadores de bestias salvajes.

Será por que es África. El caso es que los hombres-hiena andan con hienas, monos beduinos y serpientes Pitón. Y con ellos arman su show.

“Ellos van a los guetos en los suburbios de las ciudades y marchan con sus hienas mientras la gente se aglomera. Los beduinos hacen trucos y piden plata con sus manos. Luego los tipos les quitan los bozales y pelean con las hienas. Luego asustan a los espectadores con las pitones. La gente paga por esto y también pagan por embrujos que los protegerán de los animales salvajes”

Pieter Hugo a revista Maxim, año 2006

Los hombres-hiena raptan a los cachorros de hienas de sus madrigueras, luego los sedan hasta que los domestican. Según los mismos juglares los bozales para las hienas son más bien parafernalia, como para impactar a la gente, ya que en rigor no son tan necesarias. “mientras se mantengan con alimento las hienas permanecen tranquilas” dicen los juglares. Sin embargo, todos los hombres-hiena tienen numerosas cicatrices en todo el cuerpo por la fuerza y las garras de estos animales carroñeros.

servido por Victor 3 comentarios compártelo


Sobre mí

Avatar de Victor

==>El_Montecristo<==

Coquimbo, Chile
ver perfil »
contacto »
Victor Manzano Malla, estudiante Pedagogia en Historia y Geografía. ________________________________________________________________ ________________________________________________________________
page statistics
Macys Coupon
________________________________________________________________ El Tiempo en La Serena - Predicción a 7 días y condiciones actuales. ________________________________________________________________
   
________________________________________________________________

Fotos

Victor Manzano Malla todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera